Yo quise escribir un libro sobre los radicales chinos porque no encontré material en español. Algunos sitios web tienen listas de los 100 más utilizados y los caracteres que forman, pero yo, que había leído el libro de Fazzioli Chinese Calligraphy con su explicación etimológica, buscaba mostrar el origen más que su uso actual.
Todo empezó con una planilla
Ya lo conté varias veces, pero el inicio es siempre el mismo: me interesaron los radicales cuando me explicaron la clasificación de los caracteres en pictogramas, ideogramas y pictofonogramas (bueno, sí, también los casos raros de préstamos fonéticos y transliteraciones) y pensé que me ayudarían a asociar los significados con imágenes.
En algunas definiciones de ArchChinese (diccionario en línea en inglés), cada tanto aparecía un “pictograph: a hand and a stick” y comencé a compilar una planilla de Excel de radicales y pictogramas asociados.
(En ese momento era solo una planilla. No era un libro).
Cuando empezó a quedarse corta
Luego encontré el libro de Chinese Calligraphy, con la explicación y dibujos mostrando qué representa cada radical. En la bibliografía estaba el libro de Wieger, Chinese Writing, y el análisis de los “primitivos”. Contrastar uno y otro libro es fascinante.
Online apareció Chinese Etymology (hanziyuan.net), una recopilación realizada por Richard Sears con análisis de 15.000 caracteres a través de las etapas de escritura (oracular, bronce y sello), y no sabía cómo incorporar ese nivel de detalle al libro.
Decidir qué iba a ser el libro
En este punto ya sabía qué iba a escribir:
• cada radical con su nombre y significado(s), porque no siempre coinciden y cada contexto cambia su sentido;
• mostrar la evolución gráfica y, junto a ella, explicar qué representaba;
• incluir ejemplos de pictogramas e ideogramas con ese radical, porque la función didáctica subyacente era ayudar a recordar vocabulario.
Todavía no tenía idea de cuántas páginas implicaba eso.
Cada decisión agregaba una capa
Como una cosa lleva a la otra, encontré dos diccionarios más online: Purple Culture (un sitio con variedad de recursos, no solo diccionario: libros, actividades, herramientas) y HanziCraft. El primero me ayudó a comprobar y ampliar definiciones de ArchChinese y diferentes interpretaciones de pictogramas e ideogramas; el segundo aportó algo muy interesante: la frecuencia de uso de cada caracter en el idioma chino, un ranking que, en el caso de los radicales, ayuda a ver cuáles están en desuso y cuáles son más importantes. También tiene un listado de palabras frecuentes.
Hasta ese momento, mi listado principal de vocabulario provenía del estudio de los niveles HSK, que tienen cierta conexión con lo cotidiano, pero HanziCraft me dio ejemplos más “comprensibles”.
Y la lista empezó a crecer.
Otro detalle era la ubicación del radical dentro de un carácter. La posición que generalmente adopta ayuda a reconocer cuál es radical y cuál componente fonético. Algo más para agregar.
Bien. Ahora que había juntado toda la información, con una página aproximadamente dedicada a cada radical, tenía que decidir el formato.
Yo no sabía cómo se edita y vende un libro: si tenía que imprimir ejemplares y distribuirlos físicamente, si debía contratar un editor o corrector (ni idea de cuánto cuesta tampoco). Encontrar la opción KDP (Kindle Direct Publishing) me pareció una gran idea. El print on demand no requiere inversión y entregar un PDF “potable” es algo que puedo hacer.
El tamaño sugerido era tipo libro 5×8 pulgadas, pero no entraba todo en una hoja para ver cuadros y orden de un solo vistazo, así que elegí tamaño carta (encontrar resmas en ese tamaño para pruebas de impresión fue un desafío, pero eso lo cuento otro día).
Y como ahí quedaban unos centímetros libres, “¿por qué no agregás el vocabulario HSK en la misma página así el estudiante no va y viene y tiene todo junto?”, me sugirió mi marido. OK.
¿Qué pasó después?
Yo imaginaba un libro que no solo explicara qué significa y qué es cada radical, sino que ayudara a relacionar el vocabulario de estudio y que se consultara después de leer: un ida y vuelta para reafirmar y conectar.
Encuentro tal carácter en una lectura, creo que el radical es tal. Ajá. Puedo buscar en el diccionario por pinyin y que me lleve a la página del radical, o puedo buscar por radical en el índice y confirmarlo. Ah, pero estaría buenísimo un diccionario por radicales para practicar también.
Y, por último, al agregar el vocabulario HSK en cada radical, pareció casi una obviedad incorporar el diccionario organizado por niveles al libro.
Cuando entendí que ya no era solo un libro de radicales
Pero cuando uno ve que los que tienen radicales son los caracteres y no las palabras, empieza a organizar las palabras en sus partes, y surge algo interesante: cómo se construye el vocabulario, cómo trabajan los caracteres para combinar o reforzar significados. Y eso lo agregué al diccionario, con el significado de sus partes.
Ahí el libro ya no era un libro de radicales.
Ah! Y un detalle no menor: en español. No sé ustedes, pero yo tenía (tengo) todo en inglés: HSK, diccionarios, apps.
En fin, así escribí, edité y puse a la venta un libro de 400 páginas.
Que empezó siendo una planilla.