
Esta infografía resume las cuatro habilidades que desarrollamos al aprender chino (y cualquier idioma): escuchar, leer, hablar y escribir.
Cada una cumple un papel distinto dentro del proceso de aprendizaje.
A partir de este punto, el artículo explica cómo se relacionan con los niveles del pensamiento según la taxonomía de Bloom.
Aprender chino no consiste solo en memorizar palabras, caracteres o reglas gramaticales. También implica entender cómo aprendemos, reconocer qué estrategias usamos y qué tipo de pensamiento ponemos en juego cuando estudiamos.
En educación existe una herramienta que nos ayuda a mirar ese proceso con más claridad: la Taxonomía de Bloom, una clasificación de los distintos niveles de pensamiento que usamos al aprender. Propone seis etapas que van desde las más básicas —recordar y comprender— hasta las más complejas —aplicar, analizar, evaluar y crear. No son escalones rígidos, sino formas distintas de relacionarnos con el conocimiento: a veces memorizamos, otras interpretamos, y otras usamos lo que aprendimos para construir algo nuevo.
Las cuatro habilidades lingüísticas —escuchar, leer, hablar y escribir— siguen ese mismo recorrido. Comenzamos recibiendo información y, poco a poco, aprendemos a producirla. En este artículo veremos cómo cada habilidad se conecta con los niveles de pensamiento de Bloom y qué tipo de actividades nos ayudan a avanzar en ese camino.
1. Escuchar y leer: recibir para construir
Escuchar y leer son las habilidades receptivas del idioma. Gracias a ellas, el cerebro empieza a reconocer sonidos, imágenes y patrones que formarán nuestra base de conocimiento.
Escuchar es el primer paso. Al oír el idioma, comenzamos a distinguir tonos, ritmos y palabras familiares. En este momento trabajamos sobre todo los niveles de recordar y comprender. Recordamos cuando reconocemos una palabra o una estructura que ya aprendimos; comprendemos cuando logramos captar su sentido general dentro de una frase o un diálogo.
Podemos practicarlo escuchando audios breves, repitiendo frases, o jugando a identificar palabras conocidas en una canción o serie.
Leer lleva ese mismo proceso al plano visual. Nos permite asociar caracteres con significados y entender cómo se combinan para formar ideas. También aquí ejercitamos recordar y comprender, pero con un tipo de memoria diferente: la visual.
Una buena práctica es leer textos cortos, subrayar palabras conocidas o intentar adivinar el significado de otras por el contexto. Escuchar y leer nos ayudan a llenar nuestra base de datos mental: cuanto más alimentemos esa base, más material tendremos para usar cuando llegue el momento de hablar y escribir.
2. Hablar y escribir: transformar lo aprendido
Hablar y escribir son las habilidades productivas, las que nos empujan a usar lo que ya sabemos de forma activa. Aquí el aprendizaje se vuelve más profundo, porque no solo reconocemos palabras: las elegimos, combinamos y evaluamos.
Hablar implica recuperar información y reorganizarla al instante. Necesitamos usar lo aprendido y adaptarlo según el contexto. Por eso, esta habilidad se relaciona con los niveles de aplicar y analizar de Bloom.
Aplicamos cuando utilizamos el vocabulario aprendido para formar frases nuevas, y analizamos cuando ajustamos lo que decimos según la situación o el interlocutor.
Practicar descripciones orales, improvisar respuestas o mantener pequeños diálogos ayuda a desarrollar confianza y flexibilidad.
Escribir es aún más exigente: requiere pensar, planificar y revisar. En este punto entramos en los niveles de evaluar y crear. Evaluamos cuando corregimos nuestras propias frases, cuando comparamos distintas formas de expresar una idea; y creamos cuando producimos algo original: una historia, un diario o incluso un pequeño juego con palabras.
Escribir obliga a detenernos, mirar lo aprendido y transformarlo en una expresión personal. Es la etapa donde el aprendizaje se consolida.
3. Conectar las habilidades con los niveles de pensamiento
Las cuatro habilidades no son compartimentos separados: se alimentan entre sí.
Cuando escuchamos o leemos, estamos llenando el depósito de conocimiento. Cuando hablamos o escribimos, lo ponemos en movimiento. La Taxonomía de Bloom nos ayuda a visualizar ese ciclo y a entender en qué tipo de pensamiento estamos trabajando.
| Nivel de Bloom | Qué hacemos al aprender chino | Ejemplo o práctica posible |
|---|---|---|
| Recordar | Recuperar palabras y estructuras aprendidas. | Reconocer vocabulario en un texto o audio. |
| Comprender | Captar significados y relaciones. | Leer una frase y explicar con tus palabras qué dice. |
| Aplicar | Usar lo aprendido en nuevas situaciones. | Usar vocabulario conocido para formar frases nuevas. |
| Analizar | Observar cómo se relacionan las partes. | Comparar estructuras o caracteres similares. |
| Evaluar | Juzgar y mejorar lo que producimos. | Revisar tus frases y elegir la más clara o natural. |
| Crear | Producir algo nuevo con lo aprendido. | Escribir una mini historia, poema o diálogo propio. |
Escuchar y leer fortalecen los primeros niveles: recordar y comprender.
Hablar y escribir nos llevan a los superiores: aplicar, analizar, evaluar y crear.
Juntas, estas etapas conforman un aprendizaje más completo, donde lo que un día memorizamos se convierte en una herramienta para pensar y expresarnos.
4. Aprender a mirar nuestro propio proceso
Saber en qué nivel estamos trabajando es una forma sencilla de estudiar con más conciencia. No se trata de “subir escalones” uno por uno, sino de reconocer qué necesitamos en cada momento y por qué a veces el aprendizaje se siente más fácil o más frustrante.
Podemos preguntarnos:
- ¿Estoy dedicando tiempo a escuchar y leer para ampliar mi base, o me estoy exigiendo hablar sin tener todavía suficientes palabras?
- ¿Estoy intentando usar lo que sé sin sentirme seguro porque no lo practiqué en contextos reales?
- ¿Qué parte del proceso me resulta más cómoda y cuál evito? ¿Por qué?
- ¿Estoy repitiendo lo que ya domino o realmente desafiando mi pensamiento?
- ¿Qué tipo de práctica me haría sentir que avanzo, no que repito?
Cuando nos hacemos este tipo de preguntas, empezamos a ver el aprendizaje como algo vivo: un proceso que cambia según lo que necesitamos. Entender cómo se conectan las habilidades y los niveles de pensamiento nos ayuda a reconocer por qué a veces nos trabamos o perdemos motivación, y nos da herramientas para ajustar el rumbo.
Así dejamos de estudiar por inercia y empezamos a aprender con intención y autoconocimiento.
Nota
La Taxonomía de Bloom es un modelo clásico en educación que, a pesar de haberse propuesto hace más de medio siglo, sigue siendo útil para pensar cómo aprendemos. No debe entenderse como una lista de pasos que se cumplen en orden, sino como una forma de observar en qué tipo de pensamiento estamos trabajando: a veces memorizamos, otras analizamos o creamos.
Aplicarla al aprendizaje del chino puede ayudarnos a reconocer qué tipo de práctica necesitamos en cada momento y a equilibrar el estudio entre recibir información y producirla.
Bibliografía
Adams, N. E. (2015). Bloom’s taxonomy of cognitive learning objectives. Journal of the Medical Library Association, 103(3), 152-153.
Anderson, L. W., & Krathwohl, D. R. (Eds.). (2001). A taxonomy for learning, teaching, and assessing: A revision of Bloom’s taxonomy of educational objectives. New York: Longman.
Conti, G. (2015). To what extent does Bloom’s taxonomy actually apply to foreign language teaching and learning? Language Teaching Reflections.
Nurmatova, S., & Altun, M. (2023). A Comprehensive Review of Bloom’s Taxonomy Integration to Enhancing Novice EFL Educators’ Pedagogical Impact. Arab World English Journal, 14(3), 380-388.
Povey, E. (n.d.). A Framework for Language Teaching Based on Bloom’s Taxonomy. Hankuk University of Foreign Studies.
West, J. (2023). Utilizing Bloom’s Taxonomy and Authentic Learning: Bloom’s taxonomy can be used as a metacognitive learning framework instead of a hierarchical assessment framework. Teaching and Learning Inquiry, 11, 991-1015